El Reino de Tukma

Antes de que los Españoles buy essay llegaran a América, el noroeste argentino era tierra de los Diaguitas. Asi se llamaban a sí mismos los pueblos que habitaban sus valles y quebradas. El nombre de Tukmanao se refiere a "El Reino de Tukma". Tukma era el gran jefe de estas comunidades.

Los Diaguitas eran grandes agricultores. Sus técnicas de cultivo se enriquecieron con las que trajeron los Incas al extender su dominio hacia esas latitudes. A la llegada de las vides de los Españoles, esa vasta cultura agrícola se aplicó al cuidado de do homework for money los viñedos y la elaboración del vino.

Algunos siglos después, desde Tolombón (Salta), centro del antiguo Tukmanao, nuestra bodega busca rescatar y homenajear las raíces de la región con vinos de identidad propia y marcada tipicidad.

El Terroir

Nuestros viñedos están ubicados en tierras del antiguo Tukmanao.

Suelos profundos, francoarenosos y pedregosos cerca de la montaña, con poca materia orgánica. Más de 320 días diáfanos y brillantes al año, y un sol siempre cerca que optimiza la fotosíntesis. Una notable amplitud térmica que desafía a la biología y produce en las vides un biotipo sofisticado. Noches frescas que resguardan los colores profundos, los aromas y los intensos sabores de las uvas.

El estrés hídrico obliga a un proceso de adaptación particular y resulta en frutos más concentrados en aroma, sabor y color. El leve viento evita la acumulación de humedad sobre las uvas; la escasez de lluvias, inhibe la existencia de hongos posibilitanto un desarrollo sin fungicidas ni insecticidas. Las tierras son regadas por acequias en Angastaco y Huacalera; por sistema de goteo, en la finca de Tolombón.

Las condiciones climáticas de estos valles y la espectacularidad de su geología intensifican el metabolismo de los frutos de la tierra, coloridos y sabrosos.

Allí, entre dos y tres mil años atrás, el ser humano se volvió sedentario y agricultor; hoy, es uno de los mejores escenarios para el cultivo de vides de notable tipicidad.

Los Diaguitas

La Gran Nación Diaguita estaba constituida por cincuenta pueblos con diferentes denominaciones según la aldea a la que pertenecieran. Tenían una lengua en común, el kakán, que desapareció pero dejó su huella en cerros, ríos y ciudades: Angastaco, Tolombón, Payogasta, Nonogasta, Aconquija, Lurutacao.

El pueblo indio tenía una fisonomía particular, con un diseño orgánico y casas rectangulares construidas con el método de pirca. El centro de la economía diaguita era la naturaleza: eran agricultores sedentarios, recolectaban la algarroba, la mayor parte del año se dedicaban al pastoreo de llamas y alpacas de las que obtenían carne y lana para sus tejidos, eran buenos alfareros y trabajaban magníficamente el metal.

Los diaguitas sabían defender su libertad y su autodeterminación: durante años se opusieron a la dominación inca y, en 1561, se levantaron contra el español bajo el mando de "Juan Calchaquí", nombre cuyos ecos persisten en la denominación de los magníficos valles que se extienden desde Catamarca hasta Salta.

Los Incas

La civilización incaica alcanzó su más alto nivel de desarrollo entre los siglos XV y XVI. Con el nombre de Tahuantinsuyo, el imperio se extendió en ese tiempo hasta alcanzar los dos millones de kilómetros cuadrados con centro en la ciudad de Cuzco.

Luego de resistir durante un prolongado tiempo la invasión, los pueblos diaguitas supieron enriquecer sus propias tradiciones y tecnologías con las que aportó la agricultura inca: los andenes, terrazas artificiales construidas sobre las laderas de la montaña, que además de proveer terrenos de cultivo evitaban la erosión pluvial de los suelos; las acequias, sistema de riego por canales; el uso de fertilizantes naturales; las herramientas como la tajlla, arado de tracción humana.

Los Españoles

La vid crecía salvaje en algunos lugares de América. Sin embargo, fue con la llegada de los españoles que estas tierras conocieron las variedades más apropiadas para vinificar.

En su segundo viaje al Nuevo Mundo, en 1493, Cristóbal Colón introdujo las primeras vides en las Antillas. El clima del Caribe no era propicio para que fructificaran; los siguientes intentos, en tierras meridionales, fueron más exitosos.

En nuestro territorio el cultivo entró por los Valles Calchaquíes, donde los Jesuitas introdujeron muy buenas cepas de Vitis vinisfera. De allí en más el desarrollo de la vitinicultura estuvo muy relacionado con la difusión del cristianismo.

Cuando los embarques traídos de España para celebrar misa resultaron insuficientes, los viñedos americanos – en su mayoría plantados por sacerdotes- comenzaron a transformarse en vino, costumbre que rápidamente se extendió a las haciendas.